El Consejo Episcopal Latinoamericano y Caribeño (CELAM) ha lanzado el Manual Latinoamericano de Pastoral de las Adicciones
, un documento de 545 páginas que busca estandarizar y fortalecer la respuesta de las comunidades eclesiales frente al consumo problemático de drogas, la expansión del narcotráfico y la fragilidad de los vínculos familiares en la región.
Esta iniciativa representa un esfuerzo por trascender las respuestas médicas o políticas, apostando por un modelo que integra la reconstrucción de lazos, el acompañamiento cercano y la esperanza. El lanzamiento del manual coincide con la formalización de un convenio de colaboración estratégica entre el CELAM y la Secretaría General de la Organización de los Estados Americanos (SG/OEA), destinado a potenciar la prevención y el tratamiento como una vía para combatir el crimen organizado en América Latina y el Caribe.
Un proceso de construcción colectiva continental
El manual no es un documento aislado, sino el resultado de un proceso de escucha y construcción colectiva que involucró a más de 300 personas provenientes de 18 países. Según el padre Carlos Olivero, coordinador de la Red Eclesial de Comunidades Organizadas (RECOR) del CELAM, el mayor logro de este proyecto ha sido la consolidación de la red latinoamericana de pastoral de las adicciones.
La misma red es un fruto de este proceso conjunto. Esto nos da una pertenencia, una identidad y una participación muy superiores
, afirmó el padre Olivero. El objetivo central del texto es ofrecer criterios comunes que eviten enfoques reduccionistas, integrando perspectivas espirituales, científicas, psicológicas y sociológicas. El documento propone alcanzar una unidad en las diversidades
, permitiendo que la Iglesia aporte su visión particular desde el Evangelio mientras se articula con otras disciplinas.
Formación continua y adaptación regional
La implementación del manual está diseñada para ser dinámica y permanente. El CELAM se encuentra desarrollando una escuela virtual que ofrecerá cerca de treinta cursos breves, adaptados específicamente para parroquias, centros educativos, movimientos y agentes pastorales.
El sistema de formación está concebido para ser flexible, reconociendo que los desafíos y recursos no son idénticos en todas las geografías. Además, el CELAM ha establecido un mecanismo de actualización continua, comprometiéndose a integrar nuevas experiencias y aportes de las comunidades cada cuatro meses para mantener la guía vigente frente a la evolución de la realidad social.

Experiencias territoriales: de Costa Rica a Chile
La labor de la Iglesia se manifiesta en diversas formas según el contexto local:
* Costa Rica: El padre David Solano, coordinador de la pastoral social de la arquidiócesis de San José, enfatiza la “reintegración” sobre la “reinserción”. Su enfoque subraya que las personas con problemas de consumo nunca se han desligado totalmente de la sociedad, aunque esta tienda a marginarlas. Las parroquias locales implementan modelos de reducción de daños que incluyen desde la provisión de necesidades básicas (alimento, higiene) hasta la articulación con centros especializados.
* Chile: El padre Benjamín Ossandón, coordinador de la pastoral de alcohol y drogas, apuesta por la prevención temprana. Su estrategia busca que las comunidades cristianas establezcan centros de escucha para llegar a los jóvenes antes de que el consumo se convierta en una dependencia, bajo la premisa de ir a las esquinas
y no esperar a que los afectados busquen ayuda.
* Brasil: La Pastoral de la Sobriedad, una de las experiencias más consolidadas, utiliza una metodología de los doce pasos adaptada a la tradición católica. Según Denise Ferreira, coordinadora nacional en Río de Janeiro, el trabajo se centra en rescatar la dignidad de la persona y acompañar integralmente a las familias.
La filosofía del acompañamiento “cuerpo a cuerpo”
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